Frases

Los cuentos de hadas son bien ciertos.
No porque nos digan que los dragones existen,
sino porque nos dicen que podemos vencerlos

martes, 20 de julio de 2010

las cosas no son...(8)

Al decir esto último, sus risas se acabaron al instante y puso un tono serio.

-será mejor que te acompañe ya a casa.

-¿que ocurre?

Pregunte sin saber que se le podía haber pasado por la cabeza.

-ya es tarde será mejor que vayas a casa

Me cogió por el brazo y nos dirigimos a casa.

El camino de vuelta a casa fue en silencio y serio, se notaba una atmosfera de tensión a nuestro alrededor, seguramente se podría haber cortado con un cuchillo.

Al llegar a mi puerta dijo:

-bueno adiós.

Cuando se dirigía hacia las escaleras dije:

-¿mañana quedamos?

El contesto serio:

-no, no puedo

Y subió un escalón

-¿y al otro?

-tampoco, estoy ocupado.

-¿y cuando quedaremos?

-no lo se, adiós

Y rápidamente desapareció por las escaleras.

Entre en casa algo perpleja, me cambie y me metí en la cama.

Ya había pasado una semana desde ese extraño día, todavía en la cama después de que mi madre se hubiera ido de viaje.

Me levante sin ganas.

Desde aquel día, notaba que me faltaba algo, he ido varias veces a casa de Carlos, pero no hay señal de vida.

Al final he decidió que ese día fue como un sueño.

Si no fuera porque mi compañero de clase, aquel por el cual había estado colada, me preguntara todos los días por MSN quien era aquel chico con el cual me vio, hubiera jurado que había sido un sueño.

También porque mi amiga Alba, a la cual le conté todo lo sucedido de ese día, al día siguiente cuando me levante, me preguntaba día si y día también si había alguna novedad con ese tema.

Me fui al baño y creo que me pase casi una hora en la ducha.

Cuando salí cogí el secador y me metí en mi habitación.

Encendí la televisión y mientras la veía hacia un intento de secarme el pelo, ya que en realidad lo único que hacia era tener el secador en dirección a mi cabello, como si así consiguiera eliminar cualquier resto de aquellos pensamientos tan pesados que no me dejaban ni dormir.

Sonó el móvil, apague el secador y le quite el volumen a la televisión.

-¿dígame?

-soy Alba, quería decirte que ya he vuelto de la playa, ahora me dirijo a tu casa así que ábreme. ¿De acuerdo?

-vale.

Me colgó el teléfono y yo lo deje encima del escritorio.

Abrí la ventana de la habitación para que entrara algo de aire, pues por la estufa, cualquier persona que entrara de la calle podría morirse de calor.

Y oí unas voces:

-de verdad eres idiota, no te das cuenta, es lo que debía pasar.

Dijo una voz femenina

-si pero ella decía que no le importaba transformarse, ¿crees que podría arriesgarla así?

Dijo una voz masculina que reconocí al instante.

-ahí tiene razón

Dijo otra voz masculina.

-pero ella quería, no esta obligada

Dijo otra vez la voz femenina

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