Una noche estrellada Bel decidio salir a pasear.
Era una noche de verano, en realidad era una de las mejores noches de ese verano.
¿que no sabeis quien es bel?
¡ah! que olvidadiza soy, su nombre verdadero es Belen, pero prefiere que la llamen Bel.
Bel es una chica de unos 17 años.
Su cabello rubio, cae como ondas por su espalda, y sus ojos, oh sus ojos, tantas mujeres querrian tener esos ojos. Unos ojos marrones, tan marrones que a veces no se le distingue el iris de la pupila, con una mirada traviesa y soñadora que nadie a conseguido nunca descifrar lo que dice. Pero eso no es lo que mas llaman la atencion de su ojos, lo que llama la atencion es una chispa brillante en ellos, una chispa que a veces, si tienes suerte, te dara la impresion que puedes ver en ella un mundo tan inocente, fantastico y misterioso que cualquier niño querria estar alli.
Bueno me imagino que esperais mas descripcion de Bel, pero si lo digo yo todo, la haria a mi gusto, es decir no podriais participar en la historia, asi pues imaginarla con las cualidades que mas os gusten.
Bueno, por donde iba... asi, el paseo bajo el cielo estrellado.
A Bel le encantaba hacer escapadas por la noche para pasear bajo el cielo estrellado. Nadie sabia porque, pero entre vosotros y yo, yo se que en realidad buscaba algo, o mas concretamente a alguien.
En mitad del camino se desvio para meterse por una senda escondida entre las ramas y las plantas salvajes del bosque.
Llego a un árbol marcado con una n.
Dirigió la mano al nudo del árbol, donde justo en el centro había un pequeño agujero el cual seguramente en algún tiempo fue un refugio de ardillas, y saco un diminuto plato, del tamaño de la vajilla de las muñecas, y deposito en el, un trozo de chocolate.
Ya hacia varias noches que hacia esa rutina, desde el día en el que creyó ver a un hada.
Salió de allí como cuando un niño rompe un cuadro y se va de la escena del crimen, a continuación volvió a su casa.
Al día siguiente continuo con la rutina que había adoptado desde el día que vio el hada.
Paso la mañana en la piscina, flotando delicadamente, mientras observaba las rosadas nubes esponjosas que flotaban por el cielo despejado de un azul cyan.
Después de la comida se iba a su habitación donde se pasaba horas dibujando hadas, una isla poblada de vegetación, y lugares que no conocía personalmente pero que le eran tan familiares como su propia habitación.
Cuando volvió a oscurecer se dirigió a la cocina donde cogió un trozo de chocolate que lo enrollo en una servilleta y se fue de nuevo a su árbol secreto.
Mientras se adentraba en la senda que conducía al árbol, vio que una luz parpadeante procedía desde el nudo del árbol.
Acelero el paso hasta llegar allí y miro a través del agujero.
Allí tumbada en la corteza se encontraba una diminuta hada, debilitada por lo que parecía.
Bel metió las manos con cuidado y la cogió como si de una muñeca de porcelana se tratara.
La recostó en su mano izquierda, y luego para que no se viera la luz que emanaba de ella la tapo con cuidado de no aplastarla con su mano derecha.
Y salió de alli rápidamente a su casa.
La recostó en un cojin y luego la tapo con un pañuelo.
Se paso toda la noche vigilando que la luz no se apagara, asta que al final acabo durmiéndose.
Al dia siguiente se despertó sobresaltada, cuando se fijo que en el cojin ya no estaba el hada, pero habia una pequeña hoja de plata.
Se dirigió a su mesilla y rebusco entre sus collares un colgante, luego cogió uno de plata y se dirigió donde la hoja, la colgó y luego se lo puso en el cuello.
Bel ansiaba que llegara ya la hora de ir a caminar para asi poder volver a ver al hada, pero para su disgusto ya no estaba, ni ella ni el árbol.
Volvió a casa arrastrando los pies, por fin que habia encontrado lo que tanto habia buscado, se fue tan rápido como apareció.
Se encontraba tan desilusionada que esa noche se acosto sin cenar.
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